¿Qué son los depósitos bancarios?


Los depósitos bancarios a plazo son productos de ahorro en los que el cliente entrega una cantidad de dinero a una entidad de crédito durante un tiempo determinado. Transcurrido ese plazo, la entidad lo devuelve, junto con la remuneración pactada.

Los depósitos bancarios más comunes son los de interés fijo. Su rentabilidad, el beneficio, se mantiene invariable hasta finalizar el plazo del depósito.

El tipo de interés nominal o TIN es la rentabilidad que ofrece el banco por el dinero invertido en un depósito durante un determinado plazo. Lo habitual es que el banco ofrezca un tipo de interés mayor al contratar un depósito con un plazo más alto.

La Tasa Anual Equivalente o TAE es la rentabilidad efectiva del depósito, ya que incluye los intereses, gastos y comisiones, lo que permite comparar productos de diferentes entidades bancarias.


Tipos de depósitos bancarios

Depósitos bancarios a la vista

Es el tipo de depósito más flexible, también denominado cuenta remunerada. Es el producto más líquido, es decir, que podremos retirar una parte del dinero, o su totalidad, sin ningún tipo de penalización. Si sólo retirásemos un pequeño importe, el resto del dinero seguiría rentabilizando al mismo tipo de interés.

Suelen contratarse a través de Internet, ofrecen algunos beneficios y, en algunos casos, podremos beneficiarnos de un pequeño porcentaje a modo de devolución de los recibos domiciliados (si bien la mayoría no permiten domiciliar ni nómina ni recibos). Algunos también permiten realizar operaciones como transferencias nacionales e internacionales.

Depósitos bancarios a plazo

Son depósitos en los cuales nuestro dinero permanecerá durante un tiempo establecido por contrato: un mes, seis meses, un año o más. El banco rentabilizará nuestro dinero con un interés de tipo fijo pactado en el contrato, abonando los intereses de manera mensual, trimestral, semestral, anual o al vencimiento del contrato.

Normalmente es posible la cancelación anticipada, si bien no esperar al vencimiento puede repercutir en el tipo de interés del producto o en una comisión en forma de penalización por cancelación anticipada. En todo caso, nunca perderemos el capital invertido.

Tenemos una comunidad de expertos independientes que te pueden ayudar a entender cualquier producto financiero que te ofrezca el banco, en la que puedes formular tus dudas de forma gratuita y fácil.

Depósitos regalo

La denominación puede llevar a engaño, ya que no nos regalan nada. A cambio de tener el dinero depositado en el banco, la entidad financiera nos remunera con un televisor, una vajilla o cualquier otro bien de consumo del hogar. Se considera una remuneración en especie, el interés en forma de “regalo”. Hay que analizar la TAE del producto, no dejarse llevar por las ganas de tener lo que nos ofrecen, que podríamos comprar depositando el dinero en un depósito a plazo normal y después comprándolo con los intereses ganados. Al entregarnos el bien al inicio del contrato, no se nos permite la cancelación anticipada.

Depósitos con ventajas fiscales

A partir de enero de 2015 aparece un nuevo tipo de depósito bancario, cuyos intereses están exentos de tributar en el IRPF: los CIALP o Cuenta Individual de Ahorro a Largo Plazo. Son depósitos a un plazo mínimo de 5 años, con un limite de ahorro anual de 5.000 euros y que solo puede contratar uno cada contribuyente.

Depósitos bancarios a interés variable

Depósitos cuyo interés varía en función de un determinado índice, normalmente el euribor. No conocemos los intereses que finalmente recibiremos, que depende de la evolución de la referencia más o menos el diferencial que el banco nos ofrezca.

Depósitos estructurados

Es un producto que solo se debería contratar si tenemos conocimientos financieros suficientes, ya que su funcionamiento es bastante peculiar; nos ofrece un tipo fijo, que se nos paga en función de la evolución de un índice (depósitos indexados), de valor de una cesta de acciones u otro tipo de activos. Dado que la rentabilidad depende de un escenario futuro, debemos ser capaces de analizar su posible evolución.

Nunca confundir con los bonos estructurados, cuyo funcionamiento es idéntico pero la solvencia menor, al no tener los segundos la garantía del FGD, sino solo del banco emisor (los bonos estructurados de Lehman Brothers son un lamentable ejemplo de lo que pasa cuando se contrata un producto de este tipo y la entidad quiebra).